
Estudió cómo los microorganismos patógenos, el de la tuberculosis, eran destruidos en el suelo. Investigando sobre este hecho descubrió que ciertos microorganismos eran los responsables de esta destrucción, entre ellos un hongo al que denominó el Streptomices griseus.
Después de la Guerra Mundial Waksman viajó a la Unión Soviética con el fin de establecer mecanismos eficaces de intercambio científico y de buscar producción de antibióticos. Llegó a entrevistarse también con personajes como el Papa Pio XI, el emperador Hirohito, el mariscal Tito, incluso el general Franco.
El primer antibiótico que descubrió Waksman fue la antimiocina (1941), que nunca pudo llegar a usarse por su alta toxicidad. Tres años después descubrió la estreptomicina que fue el primer fármaco de la era de la quimioterapia usado en el tratamiento de la tuberculosis. Es un antibiótico bactericida de pequeño espectro, activo contra los bacilos gram negativos.
En menos de 10 años, las muertes de todas las formas de tuberculosis en los Estados Unidos cayeron dramáticamente.
Hoy en día el uso terapéutico está indicado en endocarditis bacteriana, tularemia, peste y brucelosis combinada con otros medicamentos.
Del éxito que tuvo Waksman en su tiempo, queda el testimonio de calles rotuladas con su nombre en muchas ciudades.
Autor del trabajo: Bonet Miñána, Soraya.